Acoso Laboral: Cómo Reconocerlo y Qué Hacer al Respecto

Actualizado 7 de octubre de 2026 por BetterHelp Equipo editorial

Suena la alarma de un lunes cualquiera. Lo primero que notas es el nudo en el estómago.

Hoy volverás a enterarte tarde de una reunión a la que no te han convocado. Volverás a ver tu trabajo corregido delante de todo el equipo, con ese tono que lo hace pasar por una broma aunque a ti no te haga ninguna gracia. Y volverás a preguntarte, de camino a casa, si no estarás exagerando.

Una situación así, aislada, le puede pasar a cualquiera. El problema empieza cuando deja de ser aislada y te das cuenta de que, semana tras semana, vuelves a vivir la misma escena con distintos decorados.

¿Qué es el acoso laboral?

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) define el acoso psicológico en el trabajo, también conocido como mobbing, en su Nota Técnica de Prevención 854. Allí lo describe como la «exposición a conductas de violencia psicológica reiterada» en el ámbito laboral, dirigidas contra una o varias personas desde una posición de poder, que atentan contra su dignidad o su integridad. Dicho de otra forma: no es solo mal ambiente.

Si te preguntas si lo que vives encaja en esa definición, hay tres factores que pueden ayudarte a distinguirlo:

Se repite. No hablamos de un hecho aislado, sino de conductas que vuelven una y otra vez.

Se prolonga en el tiempo. Es esa continuidad la que va desgastando, mucho más que cualquier episodio aislado, porque cuando sabes que el lunes puede volver a pasar, tu cuerpo y tu cabeza empiezan a prepararse para lo peor incluso antes de que cruces la puerta de la oficina.

Hay un desequilibrio de poder. Puede ser jerárquico, pero no tiene por qué. También puede venir de un grupo de compañeros, de alguien con más influencia o antigüedad, o incluso de personas a tu cargo.

Lo que no se considera acoso laboral

La misma nota técnica excluye algunas situaciones que, aunque puedan resultarte muy desagradables, no encajan en la definición: los conflictos puntuales entre compañeros, un estilo de dirección autoritario por sí solo, una mala organización del trabajo o un hecho de hostilidad aislado.

Eso no quiere decir que tengas que aguantarlas. Un conflicto enquistado o un ambiente tenso también pueden hacerte daño y afectarte durante meses, y tienes todo el derecho a plantearlos aunque no encajen en la definición técnica de acoso. Lo que cambia es el enfoque y las vías para resolverlos.

¿Por qué importa tanto la distinción? Porque puede ayudarte a valorar tu situación con más claridad, en lugar de pasarte meses oscilando entre «me lo estoy imaginando» y «todo el mundo está en mi contra».

¿Cómo se manifiesta en el día a día?

Las formas concretas varían mucho y puede que no reconozcas todas, pero muchas de ellas coinciden con los grupos de conductas que describió el investigador Heinz Leymann, uno de los primeros en estudiar el mobbing:

  • En la comunicación: te interrumpen constantemente, te gritan, critican todo lo que haces o dejan de dirigirte la palabra.
  • En las relaciones: te excluyen de reuniones, comidas o conversaciones del equipo, o te cambian de sitio para apartarte.
  • En tu reputación: difunden rumores, ridiculizan tu forma de trabajar o hacen bromas humillantes a tu costa.
  • En tu trabajo: te quitan tareas sin explicación, te encargan cosas imposibles o inútiles, o te dejan sin nada que hacer.

¿Te das cuenta de lo que tienen en común? Casi ninguna de estas cosas, por separado, parece motivo suficiente para quejarse. Es la suma la que pesa.

Por qué cuesta tanto reconocerlo

Porque rara vez empieza con algo evidente. Al principio te dices que es una mala racha. Quizá hiciste algo que molestó, o quizá la otra persona está pasando un mal momento, y cuando por fin te das cuenta de que se repite, ya llevas semanas o meses cargando con ello sin habérselo contado a nadie.

El entorno tampoco ayuda siempre: cuando quienes lo ven miran hacia otro lado, callan en las reuniones o te dicen en privado que «no es para tanto», es fácil que acabes dudando de tu propia percepción y que el silencio de los demás pese casi tanto como el propio acoso.

Conviene decirlo claro: no es culpa tuya. El acoso no aparece porque tengas un rasgo concreto o porque «te lo hayas buscado», sino que suele desarrollarse en contextos en los que los conflictos se enquistan, no hay mecanismos claros para resolverlos y nadie interviene a tiempo.

CONVIENE SABER

En España, el Código Penal recoge el acoso laboral de forma expresa desde la reforma de 2010. Su artículo 173.1 castiga a quien, dentro de una relación laboral o funcionarial y aprovechándose de su relación de superioridad, realiza de forma reiterada actos hostiles o humillantes que supongan un grave acoso. No todos los casos llegan a la vía penal, pero la norma deja clara una idea: tu dignidad en el trabajo está protegida.

Cómo puede afectarte

El impacto puede ir mucho más allá del horario laboral. Tal vez lo notes al llegar a casa, cuando sigues dándole vueltas a una frase que te dijeron por la mañana o revisas el correo del trabajo a medianoche por si ha pasado algo. Muchas personas describen problemas para dormir, un cansancio que no se va, dolores de cabeza, irritabilidad o ansiedad solo de pensar en ir a trabajar. Tu confianza profesional también puede resentirse. Empiezas a dudar de tu capacidad aunque sigas haciendo bien tu trabajo, y cada error pequeño, que antes habrías olvidado en cinco minutos, pasa a parecerte la prueba de que quizá tengan razón.

Cada persona reacciona a su manera. Sentir este malestar no significa que tengas un trastorno, pero sí es una señal de que la situación te está pasando factura. Si notas que el estrés se acumula y empieza a afectar a tu salud, merece la pena que lo consultes con tu médico/a o con un/a profesional de la psicología, sin esperar a que el cuerpo te obligue a parar.

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Fuente: State of Stigma Report, mayo 2025
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¿Qué puedes hacer si sufres acoso laboral?

No existe un único camino válido. Lo que más te convenga dependerá de tu situación, de tu relación con la empresa y de la energía que tengas ahora mismo, así que tómate estas opciones como un menú del que puedes elegir:

Apunta lo que ocurre. Anota la fecha, la hora, el lugar, qué se dijo o se hizo, quién estaba delante y cómo te afectó. Guarda también los correos o mensajes relevantes. Un registro así puede ayudarte a ver el patrón y, si llega el caso, a documentarlo, sobre todo si más adelante decides acudir a la representación sindical, a la Inspección de Trabajo o a un/a abogado/a, que te pedirán hechos concretos y no solo la sensación general de que algo va mal.

Infórmate sobre el protocolo de tu empresa. Muchas organizaciones cuentan con un protocolo de actuación frente al acoso, y puedes pedirlo en Recursos Humanos, a las personas delegadas de prevención o a la representación sindical para saber qué pasos prevé, qué plazos maneja y quién se encarga de investigar.

Apóyate en la representación de las personas trabajadoras. El comité de empresa, las personas delegadas o un sindicato pueden informarte de tus opciones y estar presentes en reuniones o gestiones.

Conoce tus derechos. El Estatuto de los Trabajadores reconoce, en su artículo 4.2, tu derecho al respeto de tu intimidad y a la consideración debida a tu dignidad. Si la situación no se resuelve dentro de la empresa, puedes presentar una denuncia ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social o consultar tu caso con un/a abogado/a laboralista.

Cuida de ti mientras tanto. Habla con personas de tu confianza fuera del trabajo y, si el malestar está afectando a tu salud, cuéntaselo a tu médico/a de familia para que pueda valorar tu situación.

Un espacio fuera de la oficina para ordenar lo que vives

Cuando todo gira en torno a lo que pasa en el trabajo, contar con un espacio que no forme parte de él puede marcar una diferencia, porque ahí no tienes que cuidar lo que dices ni pensar en quién podría enterarse. Con la terapia online de BetterHelp, puedes hablar con un/a psicólogo/a con experiencia por videollamada, teléfono o chat en el horario que mejor encaje con tu jornada, sin desplazamientos y desde un lugar en el que te sientas a gusto. BetterHelp ofrece apoyo en problemas relacionados con el entorno laboral, y puedes cambiar de psicólogo/a en cualquier momento hasta encontrar a alguien con quien te sientas cómodo/a.

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Qué dice la investigación

Todavía no hay estudios en España centrados en la terapia online para personas que sufren acoso laboral, así que es justo que lo sepas. Lo que sí existe es investigación española sobre cómo funciona la terapia por videoconferencia en general. En un estudio publicado en 2023, un equipo del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, con Fernández-Regueras como primer autor, analizó 174 casos atendidos en ese centro, la mitad por videoconferencia y la otra mitad en consulta. Ambas modalidades resultaron exitosas y mostraron niveles parecidos de asistencia y de tareas completadas, y en el grupo online el 72,5 % de las personas alcanzó sus objetivos terapéuticos. Eso sí, el formato online necesitó de media algunas sesiones más, y los datos proceden de un único centro universitario y no de casos de acoso laboral en concreto.

Llevar

El acoso laboral rara vez empieza con algo evidente: suele ser una suma de gestos que, con el tiempo, pesan más de lo que parece desde fuera. Ponerle nombre, apuntar lo que ocurre y conocer las vías que tienes a tu alcance puede devolverte parte del control.

No tienes que aguantarlo en silencio ni resolverlo todo sin ayuda. Apoyarte en la representación de las personas trabajadoras, en tu entorno y en un/a psicólogo/a con experiencia puede ayudarte a decidir tus siguientes pasos con más claridad.

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Este artículo proporciona información general y no constituye un consejo médico o terapéutico. Las menciones de diagnósticos o opciones de terapia/tratamiento son educativas y no indican disponibilidad a través de BetterHelp en tu país.

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